PRESIDENTE SANTOS, PRESIDENTE MORALES,
VICE PRESIDENTE CABRERA, AMIGOS EXPRESIDENTES Y VICEPRESIDENTES, AMIGOS TODOS

Señor Presidente Santos, La Fundación Esquipulas se siente profundamente honrada por habernos dado la oportunidad de ser la tribuna para trasladarle al pueblo de Guatemala, su voz, como mensajero de la paz y artífice de su voluntad política, de heredarle a su pueblo un legado imperecedero: la restitución de su sagrado derecho a transitar en paz los territorios de la reconciliación nacional y el desarrollo, exigencia impostergable de una América Latina que con su inmensa riqueza no puede desgastar a sus nuevas generaciones, en la confrontación y la guerra.

La Presencia del Presidente Santos el día de hoy, tiene que ver mas con el destino y la fortuna de nuestro futuro, que con la casualidad, porque el está encarnando hoy para Colombia el sueño que tuvimos hace 30 años los Presidentes Centroamericanos: Construir la Paz, para lograr la justicia a través de la convivencia y forjar una nación y una región diferente con el esfuerzo de todos, para beneficio de todos.

Y viene en el momento oportuno, para hablarnos de la esperanza, cuando nosotros estamos perdiendo la esperanza, hablarnos del fin del enfrentamiento, cuando nosotros estamos de nuevo enfrentándonos, como si estuviéramos atados al pasado y no pudiéramos embarcarnos todos en la búsqueda del futuro.

Nuestra experiencia es buena para aprenderla, por lo bueno que logramos y por lo que no pudimos hacer, pero la tenemos y queremos ofrecerla y brindarla para que el esfuerzo que usted está haciendo Presidente, sea útil para su pueblo y para la historia que usted está construyendo.

Hemos querido escucharlo, hemos querido que los pueblos de Guatemala y de Centroamérica lo escuchen para que levante de nuevo nuestra fe en nosotros mismos y en que podemos seguir siendo los sujetos de nuestra propia historia; en 30 años de Democracia, como nunca en la historia, a 30 años de la firma de Esquipulas y a 20 años de la paz los problemas que vivimos, la ausencia de un norte seguro y la falta de la cohesión y la confianza que dan el progreso, nos ha separado y podríamos regresar a la polarización y al enfrentamiento.

Y es que la ausencia de unidad, de acuerdos reales y de rechazo a la concertación sobre políticas de estado que beneficien al país y sus mayorías, nos hizo perder oportunidades que se presentaron por la democracia y la paz: Durante mi Gobierno quisimos contratar a la compañía SGS para controlar la defraudación Aduanera y la evasión Tributaria y la ausencia de acuerdo con el Sector Privado, evitó que termináramos con la corrupción, de la ahora denominda “la línea” y la defraudación Tributaria desde el 89,

perdimos 26 años. En la firma de la Paz se elaboró una agenda social, un objetivo tributario que hubiera resuelto el problema financiero que afronta ahora el Gobierno, y se planteó una Reforma Política que hubiera sustentado partidos comprometidos con el proceso de desarrollo; la falta de consensos, la desconfianza y una cultura del enfrentamiento nos ha hecho perder muchas oportunidades durante los últimos 30 años; esta es una lección que debemos utilizar.

El espacio histórico que por nuestra perversa deformación sociopolítica, ha alimentado la inequidad, la injusticia distributiva y social, debe reducirse cada día más; nos pasa ahora lo que el Poeta Rafael Landívar afirmaba, cuando desde su propia realidad colonial afirmaba. Parecemos mendigos pidiendo limosna, sentados sobre bancos de oro.

La paz, señor presidente, conceptualmente no debiera ser la inevitable consecuencia de la guerra, sino, la concertada y cierta realización de la Justicia y del progreso.

Por esa razón, no podemos desestimar ni estigmatizar, a quienes desde la rebelión armada, han reclamado en nombre de esas mayorías escarnecidas por la explotación, la reivindicación de las aspiraciones populares ni a los que acertada o equivocadamente, pelearon creyendo sinceramente que defendían la institucionalidad y nuestro sistema.

Al contrario, debiéramos animar con entusiasmo, a quienes desde su dirigencia viabilizan los diálogos de paz, para conformar la plataforma de un entendimiento que se realice en democracia y en los movimientos sociales y políticos, la posibilidad real de hacer del diálogo y la concertación la forma privilegiada y ojalá única de buscar los satisfactores sociales y responsabilidades del Estado frente a la sociedad, del individuo frente a la sociedad y el Estado, y del sector privado frente al Estado y a la Sociedad.

Lo que estamos viviendo me ha conducido a una Reflexión sobre el motivo de nuestras polarizaciones y enfrentamientos ya en tiempo de PAZ:

HICIMOS LA PAZ, firmamos los acuerdos pero no abandonamos la cultura del enfrentamiento, el lenguaje del enfrentamiento, los conceptos del enfrentamiento, la actitud del enfrentamiento y en el fondo de nuestros corazones se quedó el resentimiento, la cólera y la ausencia del perdón.
Entre las líneas de los acuerdos no se escribió el arrepentimiento, no por la lucha, no por atacar o defendernos, sino por haber actuado impulsados por la cólera y el odio que nos llevaron mas allá de la convicción y sin el arrepentimiento no existe el perdón, ni el cambio de actitud, ni el punto final.

Acordamos el cese del enfrentamiento, el fin de las hostilidades armadas, suscribimos amnistías y escribimos memorias del dolor y la tragedia, pero no creamos un sistema legal y jurídico que permitiera perseguir la crueldad y los abusos, independientemente del cumplimiento del deber o de los avatares de la guerra, que nos permitiera solo castigar a los culpables y no condenar a las instituciones ni a los inocentes; que nos condujo solo a perseguir a los hechores materiales y no también a los responsables intelectuales.

Acordamos una agenda para desarrollar procesos que enfrentaran y resolvieran los problemas sociales y económicos que también estuvieron en la base del enfrentamiento, pero no le dimos seguimiento y los dejamos abandonados con indiferencia, creyendo que el sistema por si mismo los resolvería, pero resulto que se agravaron y están de nuevo en la base de nuestros nuevos conflictos. Fue otra de las oportunidades perdidas por la falta de comunicación.
He reflexionado que muchos términos y conceptos hasta ahora aceptados por la ciencia social y las ideologías, que estuvieron en boga en la época de la guerra interna, pero que aún usamos en nuestros discursos y conversaciones, tienden a separarnos, a ofendernos, a enfrentarnos y que debemos trabajar para cambiarlos y dejarlos de usar, en la búsqueda de disminuir nuestras diferencias, las razones de nuestras cóleras y resentimientos, y crear un nuevo lenguaje de la convivencia, de darnos cuenta que navegamos en el mismo barco y que todos somos necesarios para llegar a nuestro destino.

Palabras como “Subversivos”, “Represivos”, “Oligarcas” “Terroristas”, “Comunistas”, ”Anticomunistas” son calificativos que forman parte de un lenguaje (que aunque tuviera una base sociológica) es de la época del enfrentamiento y de la división, deben ser sustituidas por otras palabras, como “opositores”, “autoritarios”, “Empresarios”, “inversionistas”, “Competidores”, para disminuir la carga ideológica y descalificadora, que al ofender al contrario conduce a los enfrentamientos o al menos, a la ausencia de la comunicación, porque su uso nos condujo a perder las oportunidades que nos dio el proceso histórico.

De igual manera a nivel internacional, en donde debemos de empezar a abandonar los lenguajes de la confrontación ideológica o de una visión histórica colonialista o de dominación, como “El Patio Trasero” de los Estados Unidos al referirse a Centroamérica o Latinoamérica,, “Imperialistas” al Referirse a los Estados Unidos de América.

El lenguaje condiciona nuestras relaciones y obstaculiza trabajar con un nuevo enfoque más global, más de intereses comunes, de problemas comunes como es el cambio climático o el terrorismo islámico, para acordar con propiedad, políticas como “La alianza para la Prosperidad”, “la Integración Regional” o el apoyo al fortalecimiento de las Instituciones de Justicia o la Lucha contra la Corrupción, que fueron antes imposibles, porque la guerra o las justificaba o las ocultaba.

El Esfuerzo señor Presidente debe ir mas allá de los acuerdos Políticos que terminen con el enfrentamiento armado; se trata de una campaña Civilizatoria que vaya a los problemas de fondo y no permita que por las calificaciones ideológicas o polarizadoras se oculte la verdad de las cosas, a las que le tenemos que empezar a llamar por su nombre.

La Paz no puede sostenerse sin poder ver hacia el futuro, sin justicia, sin inclusión, sin proyecto, la paz no puede sostenerse sin enfrentar y resolver el post-conflicto; por ello lo invitamos Presidente Santos, porque queremos que tenga éxito, logre la paz y encamine su país al reencuentro y a la construcción de la Gran Colombia con la que hemos soñado desde el nacimiento de nuestra historia.

Y cuando lo logre Presidente, lo esperamos aquí para que nos enseñe que el enfrentamiento fue inútil, que los cientos de muertos fueron una pérdida en vano, que el odio solo nos conduce al desaliento y a la desesperanza y que para salir adelante, solo será posible si nos perdonamos, si nos comprometemos a no volver a pelear peleas ajenas, a conocer el pasado para sepultarlo y soñar con el futuro.

Nosotros lo entendemos muy bien Presidente Santos, estamos a treinta años de haber firmado la paz en Centroamérica y veinte de firmar los acuerdos de paz en Guatemala, y quisiéramos tener un reporte de logros y no de frustraciones, quisiéramos trasladarle el ejemplo de nuestro propio ejemplo, pero todavía acusamos déficit de reconciliación y no digamos de justicia. Y lo que menos quisiéramos señor presidente, es que fuéramos un mal ejemplo y desestimular la firma de los acuerdos que devuelvan la paz a los colombianos.

Y no lo vamos hacer, le ofrecemos nuestro concurso para hacer de la paz en Guatemala un ejemplo donde el sentido de victoria o derrota no se traslade a los tratados y convenios. Donde la venganza no sirva para judicializar rencores ni sea pretexto para reavivar la confrontación y hasta la guerra, que la convivencia pacífica tampoco sea símbolo de servidumbre o de explotación, y que el desarrollo equilibrado de todos nuestros pueblos encuentren en la paz la razón de ser de tanta lucha y tomen como abono de esa reconciliación la sangre derramada por todos los bandos del conflicto armado.

Tanto como la propia guerra, los traumas del post conflicto, señor Presidente Santos, son tan complicados de prever adecuadamente, que pueden continuar siendo fuentes de confrontaciones, desencuentros e instigadores del retorno a la guerra. La sabiduría de anticiparse a la siempre impredecible conducta humana debe tener gran prioridad para evitar el desencanto.

Decía en una oportunidad el Presidente del Consejo Consultivo de la Fundación Esquipulas, licenciado Danilo Roca ¨¿Cuál es el sentido de la guerra?, si el recuento de todas ellas a través de la historia nos demuestra que después de cientos de miles y aún millones de muertes, siempre, indefectiblemente terminan en la firma de la paz ¨ .

Comparto con usted mi convicción, que la paz tiene sentido porque sienta las bases de una nueva concertación Nacional, en donde cada sector, cada grupo, cada partido, cada organización, cada persona hombre o mujer, cada grupo étnico y cada institución se pongan de acuerdo en el país que quieren y trabajen juntos para lograrlo y construirlo. Esta es la verdadera concertación. Esta será la verdadera Paz

Muchas gracias.

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