Por: Vinicio Cerezo[1]

En las últimas ediciones del Foro Regional Esquipulas, 2014 y 2015, se puso en evidencia que nuestro modelo económico está prácticamente en vías de agotamiento al no producir los beneficios esperados por la población, objeto y sujeto del desarrollo. Incluso podríamos afirmar que es un modelo fracasado en términos de reducción de la pobreza.

Hace unos días, por la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) nos enteramos, confirmando con datos lo que muchos hemos dicho, que la pobreza en Guatemala ha aumentado en los últimos años, al contrario de lo sucedido en la mayoría de países latinoamericanos en que ha retrocedido. Vemos con enorme agobio que actualmente hay un millón y medio más de personas en pobreza (9 millones) y dos millones más en pobreza extrema (4 millones) entre 2011 y 2014.  Ante estas cifras nadie en su sano juicio puede negar la realidad y no aceptarla.

El estilo, la forma en cómo se distribuye la renta nacional, que compete tanto al ámbito público como privado, ha dado como resultado este aumento de los niveles de pobreza, marginación y desigualdad, concentrando la riqueza en pocas manos. Y por favor no me malinterpreten: no se trata de estigmatizar la riqueza, nunca ha sido ese el objetivo, la riqueza es necesaria, pero también debemos construir un país en el que nadie se quede atrás.

Para quienes piensan que la pobreza no tiene que ver con ellos, es importante que reconozcan que afecta a toda la sociedad, directa o indirectamente, y que todos, en alguna medida, somos responsables. La pobreza es sencillamente inaceptable. No hablamos nada más de cifras, se trata de seres humanos. Es un propicio caldo de cultivo para un sinfín de otros problemas sociales, tales como la delincuencia, la degradación de los recursos naturales, el incremento de la vulnerabilidad y la conflictividad, todo lo cual nos está conduciendo inevitablemente a un nuevo estallido político y social.

No podemos permitirnos que a estas alturas del partido, en democracia, con estabilidad macroeconómica, con un crecimiento sostenible (aunque insuficiente), los problemas estructurales no solo estén lejos de resolverse sino que estemos retrocediendo. Hay que reconocer las razones del fracaso, aceptando que en una democracia política y en un sistema económico de mercado, sólo podemos salir adelante si el bienestar está al alcance de todos, en nuestro caso principalmente de los pueblos originarios, las mujeres y los jóvenes, quienes siguen siendo los más afectados por la pobreza y desigualdad.

Tenemos una crisis. Debemos terminar con la falacia de que la responsabilidad es únicamente de los políticos. Se debe buscar a los mayores responsables en dónde está realmente el poder. Debemos, no solo seguir combatiendo la corrupción, pública y privada, que roba oportunidades y mata, sino también reconstruir las capacidades del Estado que ha sido desmantelado, lo cual lo ha llevado a la ineficiencia. Esto requiere un debate serio de la responsabilidad de los poderes fácticos, de la necesidad de combatir la evasión fiscal y mejorar la focalización de los recursos, entre otros factores fundamentales que deben ser considerados.

Disminuir la pobreza, va más allá de cualquier consideración ideológica, por ello es necesaria la urgente e impostergable concertación entre los diversos sectores y actores de la sociedad. Sin excepción alguna, todos debemos aceptar la responsabilidad en esta vergonzosa situación, para poder actuar como corresponde: todos juntos en una gran cruzada nacional contra la pobreza y la desigualdad, una que permita un contrato social que nos lleve a un modelo de desarrollo que situé al ser humano por encima de las utilidades.

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[1] Presidente de Guatemala 1986-1991, Fundador y Presidente de Fundación Esquipulas para la Paz, Democracia, Desarrollo e Integración.

Descargar PDF: El ser humano por encima de las utilidades – Vinicio Cerezo

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