Por José Mujica

 

Queridos amigos:

Mi agradecimiento al pueblo de Guatemala por un recibimiento excesivamente caluroso; a los que están mirando desde lejos este encuentro y a los muchachos que en sus fuscas pusieron ayer una nota risueña unida a nuestra humilde peripecia histórica. A la gente que lleva adelante esta Fundación y al pueblo de Guatemala en general.

Si yo no fuera un viejo, sería peligroso tanto calor, porque es peligroso demasiado homenaje a la gente que está viva. El bicho humano es demasiado veleidoso. La vida me enseñó una cosa: cada ser humano es una unidad, es diverso, pero nadie es más que nadie, nadie es más que nadie. Y hay que llenarse de republicanismo y entender que es una circunstancia ser gobernante o de tener un lugar de relativa jerarquía. No es la época de los condes, de los marqueses ni de los reyes, es la época de la República, donde en el fondo nadie es más que nadie y que como tal no hay hombre insustituible, hay causas insustituibles, que es distinto.

Nuestra vida pasa. Nuestra vida, el máximo valor que cada uno puede tener, pasa y el mundo sigue andando y la peripecia de las sociedades sigue allí, por lo tanto, mucha humildad estratégica y mucha vocación de servicio es en definitiva lo único que le queda como porvenir a la gente.

Es cierto que estuve unos años preso. Pero lo vuelvo a repetir aquí: yo no tengo vocación de héroe, me faltó velocidad y me agarraron. Sencillamente peleo por la libertad y he peleado por la vida y seguiré peleando como valor fundamental. Pero cuando uno se mete a reformar el mundo y yo conocí los sueños de Guatemala cuando era joven, recuerdo que Árbenz estuvo en el paraninfo de la universidad y éramos jóvenes llenos de energía y de sueños y pensábamos que los cambios sociales por una humanidad mejor estaban a la vuelta de la esquina.

Y toda nuestra generación subestimó las dificultades de la marcha, no el valor de la causa, que sigue intacto en el horizonte; sino comprender que aún con los cambios materiales, las relaciones de producción y de distribución en una sociedad, si no cambia la cultura, si no cambias vos en el fondo, no cambia nada del punto de vista esencial. Y que las batallas culturales son las más difíciles, las más largas, porque están unidas a un conjunto de valores indelebles. Un viejo pensador griego decía, que el hombre es un animal político, y es cierto, porque no es un felino, no puede vivir en soledad.

Necesita de la sociedad y si necesita para vivir de la sociedad, es un animal político, aunque él no se dé cuenta. Necesitamos la organización de las relaciones humanas en el contexto de la sociedad y es la sociedad la que nos ha dado civilización y nos ha dado dolores, pero queridos compatriotas, jóvenes revolucionarios que están saliendo del cascaron, ojo con tirar el niño al agua en la bañera. Vivimos ahora cuarenta años más de vida en promedio de que lo que vivíamos hace 100 años y eso no es poca cosa. Este mundo injusto, inequitativo, dominador y prepotente, de todas maneras a pesar de ello nos ha legado 40 años más de vida. Por lo tanto, es una visión positiva al lado del desarrollo de la civilización humana, a pesar de todas las falencias. Y sí, el hombre es un animal político y la política tiene que ver con la organización de la sociedad.

Acá viene una cosa que es de carácter esencial y que nosotros padecemos: los valores, los valores que impulsan la política. Dije al principio que en los seres humanos cada uno es una unidad y luchando por la igualdad somos diferentes. Y lo seremos porque la naturaleza tiene sus juegos, pero los valores de la política no son los valores que conducen la conducta humana para la acumulación de la riqueza, a la multiplicación del capital. Más claro: a los que les guste mucho la plata, a los que no puedan vivir sin el horizonte de ser ricos, para aquellos que creen que la felicidad humana es acumular dinero, a esos, con los cuales discrepo, pero que los quiero porque son seres humanos, en determinado lugar pueden tener una utilidad tremenda si ayudan a multiplicar el trabajo y la riqueza, pero no en campo de la política.

Porque la política es la lucha. No es que no existan intereses, es que la palabra interés no es solamente una ecuación de carácter económico. ¿Son intereses si me pongo plata en el bolsillo o tengo cheques en el banco? No, el que anda por la vida sabe que hay otros intereses, que hay cosas que no tienen nada que ver con la plata, es más, si cada uno de ustedes analiza su peripecia individual, se va a dar cuenta que tal vez las cosas más hermosas y las más dolorosas de su propia vida no tienen nada que ver con la plata.

Es una cuestión que nos pasa en el tiempo contemporáneo. Estamos en una etapa del desarrollo de una civilización capitalista que necesita más. ¿Habrá sido derrotado el neoliberalismo? Claro que lo ha sido, pero la mercadería reina en las vidrieras. Estamos rodeados por un lago de injusticias sociales, pero por otro lado estamos rodeados de ofertas de la mañana a la noche.

¡Que comprá esto y comprá lo otro! Y si tu hijo va a la escuela vienen con el reclamo que no tiene los tenis que tiene el fulano de tal y que si tú no cambias el celular porque salió uno nuevo y haces 4 horas de cola para que te cobren ese aparato, te pareces que estas inferiorizado en el conjunto de la sociedad. Esa cultura que nos transforma en compradores compulsivos, nos lleva de la mano, nos conduce de la mano por todas partes a entender que triunfar en la vida es igual a tener riqueza, a multiplicar riqueza, a tener más poder de compra. Y te compras un carro mejor para que tu vecino lo vea o el círculo social al que perteneces y así sucesivamente, hasta que un día te despiertas y eres un viejo que no puedes con los huesos. ¿Y qué hiciste de tu vida? Te pasaste pagando cuotas y trabajando mucho, bueno, está bien, esta es una consecuencia, el sistema actual necesita una cultura adecuada a esta época porque necesita seguir acumulando y acumulando, y para eso necesita una humanidad que compre y que compre y que consuma, pero ¿hay freno?

Yo no estoy haciendo un discurso de pobrismo, no, pobres son los que precisan mucho porque no alcanzan nada. ¿Qué es lo que quiero transmitir?

Porque es esto lo que nos lleva de la manos y nos conduce a la corrupción. Es esto lo que nos lleva de la mano a no contar con recursos para in uir socialmente; es esto lo que nos lleva de la mano, particularmente en América Latina, a tener Estados raquíticos sin capacidad de hacer, porque  fiscalmente no pueden cobrar impuestos. Se sienten acogotados y no tienen capacidad de realización, y es inútil. No voy a discutir si el mercado es el eje central, pero no el único de organización de una economía. Pero lo que voy a discutir hasta el  final de mis días, es que no le puedo pedir al mercado justicia social ni que se acuerde de los más débiles, por lo contrario, un país puede multiplicar constantemente su riqueza y no por ello termina ni con la pobreza ni con la indigencia, porque va quedando otra humanidad al costado del camino.

Esta es la función del Estado, como decía nuestro Don José Valle Ordoño: “El Estado tiene la obligación ética y moral de ser el escudo de los pobres y obligar de una forma u otra con políticas activas a la distribución”. No le pidamos al mercado que tenga piedad, el mercado tienen que saber de números. La piedad tiene que ser una organización política que debe surgir del Estado.

Y como me han ahorrado literatura y para no repetir, quiero complementar: lo primero que nos ha enseñado la vida es que el primer agente de distribución, no el único, es el salario. El salario es el primer elemento.

Nosotros particularmente hace mucho que hemos transitado por el camino de la dura organización sindical. Mi país tiene una única central de trabajadores, lo cual no quiere decir que todos piensen igual y que todos estén de acuerdo. Tienen mecanismos donde trabajadores organizados y sistemas patronales, sector por sector, discuten el precio de las manos. Y cuando no se ponen de acuerdo, en determinado momento interviene el Estado. Y eso es mejor que el Estado decrete, porque mañana el Estado que quiere repartir puede ya no estar. Es mejor que los trabajadores tengan la fuerza, la costumbre y la organización de pelear por lo que le corresponde, porque en definitiva, el Estado no debe de organizar la lástima, debe tratar de recobrar ciudadanía para que la gente tenga capacidad, recursos y condiciones para luchar junto a aquellos que le corresponde.

Y en definitiva, ¿arregla el salario todas las cuestiones? No. Hay un mundo fuera del salario. Es necesario que una economia prospere, pero se requiere de un Estado que  fiscalice y tenga políticas  fiscales y extraiga los recursos para invertir allí donde el mercado no apunta.

Insisto con esto: un Estado raquítico, sin recursos para impulsar la enseñanza, para defender la salud, la salud pública particularmente de los pobres, un Estado sin recursos para enfrentar la masificación de la enseñanza, podrá́ tener las mejores intenciones pero no alcanza con intenciones, se necesita más de la voluntad política y recursos. Y acá viene otra tragedia contradictoria de nuestra situación: lo contradictorio es que para que una economía prospere necesita inversión, y la inversión necesita un clima que haga posible la marcha de la economía y es aquí donde radica uno de los fenómenos más sensibles frente al cual no hay receta de la conducta política, donde tú tienes que manejar las cosas de tal manera que la economía invierta. Recuerda que el inversor no es una carmelita descalza, no es un poeta, sino que el inversor es alguien que quiere multiplicar el capital que pone. Tiene, naturalmente, esa conducta.

Y tú precisas que invierta para que multiplique la riqueza, pague impuestos y para que el Estado tenga para repartir. No te puedes pasar de la raya si con aplicarle la romana de los impuestos se te dispara, porque al  nal te quedas con menos, pero tampoco te creas el lloro que te va a poner permanentemente, de que no podemos…, de que estamos fundidos, que el este y que el otro. Ni una cosa ni la otra. Esto sí es el verdadero arte más difícil de la conducta democrática de un país, ¿Por qué? Porque la democracia en el fondo es repartir poder, y repartir poder es combatir la desigualdad, los que tienen menos poder son los desiguales, los que quedan al costado del camino, los que no pueden tener capacitación superior.

La política de igualar es la política de a firmar en el largo plazo la democracia. Pero la democracia corre riesgo cuando demagógicamente, o en las luchas de las campañas electorales, levanta programas que no va a poder cumplir jamás y crea una expectativa que después no puede cumplir. Y la democracia se enferma porque a las masas hay que darles respuestas, no se les puede dar promesas en el aire eternamente, sino que necesita la sensación de que es parte y se incorpora como ciudadanía.

También hay que entender – esta es otra patología y otro riesgo que tiene la democracia -, la perla de ética, así como el fracaso por promesas exageradas que no se pueden cumplir y que a veces no se pueden cumplir por el estado raquítico de la  fiscalidad. Porque en esta América Latina ponerle impuestos a los ricos parece que es una revolución impresionante. ¿Y a quién le vas a cobrar impuestos? ¿A los que están en las zanjas? Esta es también de las contradicciones, queridos compatriotas, que tenemos.

En ese marco hay un problema de imagen. Las repúblicas se inventaron como una repuesta a las monarquías absolutas, a la necesidad de separar los poderes, porque la humanidad comprendió que la esencia de la república es la separación de poder desde el punto de vista jurídico. Pero es innegable que el Poder Ejecutivo tiene en todas partes la propensión a cooptar el resto de los poderes y nuestras democracias se enferman por cuestiones de valores. El resto de los poderes a veces caen en corporativismos de abogados, jueces, corporaciones de poder y otras tipologías que aparecen. Una cosa es la organización sindical y social de la gente que trabaja y otra cosa es el cooperativismo que es un conjunto de gente que en el fondo busca su interés por encima del interés colectivo.

En América Latina todos hablamos la misma lengua, pero no hemos podido integrar nuestras universidades. Cada universidad parece una torre de mar l, autónoma, que no parece luchar por integrar la inteligencia. Estos son los obstáculos, las dificultades que requieren de una herramienta.

No creo que exista una pura democracia representativa sana si no existen partidos políticos fuertes. Porque los esfuerzos de una sociedad son cambios profundos y paulatinos que necesitan de la acción de seres colectivos que operen a lo largo del tiempo, a lo ancho y en profundidad del país. No son para un momento. Las verdaderas causas profundas ni siquiera se resuelven en el marco de una generación.

El pacto por el progreso debe ser intergeneracional y eso sólo lo puede asegurar la vida sana de los partidos políticos, que dura más que la de los individuos. Hay que gastar mucha energía porque el partido es la herramienta para el cambio, no es el cambio en sí. Es la herramienta que nos da la posibilidad de operar en el conjunto de la sociedad.

Una de las patologías cuando caemos en la responsabilidad de gobernar tiende a confundir partido con gobierno, porque el partido está antes y después, el gobierno administra el hoy y necesita toda la fuerza y el apoyo para administrar el hoy, pero el partido tiene que cultivar la utopía, tiene que pensar en el mañana. Pensar en las formación de los cuadros que van a enfrentar el porvenir.

Nos pasa que el gobierno nos come los mejores cuadros; dejamos el partido como una cosa de costado y corremos el riesgo de que en el paso del tiempo el partido tiende a transformarnos en una agencia de colocación. Las patologías existen también en la democracia y esto implica que hay que invertir cuadros en la formación, lucha e independencia del partido. Así también las organizaciones sindicales jamás deben ser la escoba de un gobierno; deben tener independencia y clase, y tener el coraje de rezongarle a su propio gobierno aunque le hayan votado.

La libertad se requiere para discrepar, no para estar de acuerdo, si no nos quedábamos con la monarquía. Se necesita de la libertad. Los partidos y gobiernos necesitan que les rezonguen y que les señalen el camino, exigiendo más de lo que pueden dar.

Los gobiernos se equivocan pero eso es parte del costo de progresar colectivamente. Porque por encima de la medida, hay que luchar por crear ciudadanía. La democracia va más allá del voto, de suponer la separación de poderes y elecciones limpias. Supone un compromiso sistemático y paulatino de construcción de ciudadanía, porque los seres humanos no son cosas, sino son parte de esta peripecia porque el primer valor es la vida, lo más importante que tenemos entre nosotros y es lo que menos valor le damos. Estamos luchando por la democracia y el desarrollo, pero el desarrollo tiene sentido si propicia la felicidad humana, porque esta vida es el único capital humano que tenemos para cultivar una cuota de libertad individual, definiendo la libertad como algo preciso: es libre en el momento que tenemos tiempo para hacer lo que deseamos y orientar la vida hacia lo que deseamos, poco a poco, liviano de equipaje en la vida, para tener tiempo libre. Es el culto de la sociedad para dedicarle tiempo a las cosas que a uno le gustan.

La imposición de demanda y mercado donde la sociedad de consumo trabaja con los medios de información, impone una cultura. Nos dejamos dominar por las exigencias materiales que no tienen  fin, el  fin del híperconsumismo es pasarse todo el tiempo pagando cuotas. Las cosas más vitales, más decisivas, son sencillas.

La organización de mercados tiende a apropiarse del tiempo de nuestra vida. A transformar el tiempo de nuestra vida en una mercadería y es una carrera de carácter infinita que solo se puede frenar con medidas culturales. Tú no puedes determinar que no haya tráfico en la calle, no, tienes que enseñarle a tu hijo a cruzar la calle a pesar del tráfico. En las repúblicas los que deciden son las mayorías, debiéramos de pensar que quienes tenemos en determinado momento el honor de que la mayoría nos favorezcan, debiéramos de vivir con su escala de valores y no copiar la escala de valores de la minoría privilegiada de la sociedad.

La democracia y los partidos políticos necesitan de confianza. Y no significa que los hombres y gobiernos no se equivoquen, pero los pueblos perdonan los errores, saben por instinto que se cometen errores, lo que los pueblos no toleran es que los estafen, que le estafen la confianza. El afectar la confianza en las fuerzas políticas y en los dirigentes es la peor enfermedad de la democracia, por eso es el camino donde aparecen los salvadores y los magos. En el mundo no hay ni salvadores ni magos, sino causas colectivas que hay que respaldarlas con humanidad organizada. Y saber que no hay cambios a la vuelta de la esquina, que la lucha por los cambios en el sentido de tener sociedades más igualitarias, más equitativas con afirmación positiva de la vida, es una larga causa humana en la que no debemos de pensar de que las ideas progresistas son de nuestro tiempo: siempre la humanidad ha tenido dos o tres caras fundamentales: i) los que han tenido un sentido de igualdad, de ayuda a los oprimidos y los débiles; y ii) los que han tratado de apropiarse del bienestar, que han creído y generado cuestiones de su prioridad.

Siempre ha habido una cara conservadora del hombre, tal vez el hombre lo precisa porque no se puede cambiar todo todos los días. Pero esa cara conservadora, cuando se transforma en reaccionaria, le pone una muralla a la historia y es la causa de muchas desgracias para el devenir de la civilización.

Del lado progresista de la historia podemos ser impacientes y creer en los que cambian todo con arte de magia, pero se cae en el infantilismo y no cultivan la paciencia militante de la gota de agua, organizada, disciplinada, porque construir una sociedad mejor es construir el edificio más complejo y hay que hacerlo con albañiles que se forman en nuestra sociedad.

El hombre agrede la naturaleza, pudre los ríos impulsado por el reino de la mercadería. Está agrediendo el mundo en el que vivimos. Pero el hombre ha demostrado que tiene capacidades intelectuales para determinar qué ríos estaban podridos y los regenera. Este animal invasor, conquistador, tiene una potencialidad tremenda, pero hoy tiene un freno de incapacidad de reaccionar como especie. Está pensando con un vuelo corto en un tiempo que ha desatado fuerzas productivas de un volumen tal que se mueven por todo el planeta y nadie le pone control ni freno, porque estamos entrando aceleradamente en otra civilización y a veces no nos damos cuenta porque nuestra propia cultura rechina.

En veinte años toda la gente joven va hablar dos idiomas por lo menos, lo van hablar por lo que va imponer la comunicación y no digan que este mundo sea mejor o peor, digo que ese mundo sea mejor o peor, digo que ese mundo es inevitable por la transformación de las fuerzas productivas que están reorganizando todo el planeta delante de nosotros. Pero nuestros gobiernos y nosotros estamos preocupados de cómo llegamos a  n de mes, en cómo llegamos a la próxima elección y en cómo le damos a la agenda de problemas que son mundiales. Nadie va arreglar la contaminación de los océanos o de la atmósfera si no se toman medidas mundiales.

El hombre tiene fuerza técnica, pero tiene que tener el coraje en primer término de cobrarle muchos de los ricos para que pongan el huevo y tener plata para obras de carácter gigantesco. Y no veo a esta humanidad todavía. Tendremos que sentir la tragedia de costos indudables para tener ese coraje. No sé, yo tengo ochenta años, estoy para salir, los más jóvenes que piensen estas cosas por éstos son problemas de la generación que viene.

Y para eso necesitamos otra conducta política, preocupaciones de índole superior, y lo que quiero transmitir desesperadamente es que tú puedes tener una vida no porque te la determinan de afuera, sino porque tú vives porque naciste. No tienes responsabilidad, pero tienes conciencia para poder orientar el rumbo de tu vida y para organizarte de otra forma para influir en el curso de la humanidad. Los seres humanos llevamos dentro una gota de egoísmo como todos los bichos que hay arriba de la tierra, porque la naturaleza nos programó para lucha por la vida, en primer término por nuestra vida, y ese egoísmo es una herramienta que nos impone la naturaleza, pero cuando ese egoísmo se exacerba y no logramos por el  flujo de la civilización poderlo dominar y encausar, ese egoísmo nos conduce al tipo de la sociedad donde el hombre es el lobo del hombre. Pero la especie, no el individuo, la especie, la humanidad, necesita solidaridad.

La humanidad hoy son los medios que tenemos. Por que decir qué y consolarnos con que no hay recursos para barrer la pobreza de arriba del planeta, es no querer reconocer la potencia política de organizar los recursos, porque somos débiles políticamente, porque digo esto y el mundo gasta dos millones de dólares por minuto en presupuesto militares. No me digan que no hay plata para enfrentar la desertificación del Sahara, nunca los seres humanos tuvieron tanto recurso, tanta tecnología y tanta ciencia. Nunca este mundo raro tuvo tantas posibilidades y tanta fuerza de poder cambiar la faz del planeta. El hombre puede salvar y mejorar la suerte del planeta, el hombre puede cultivar los mares, el hombre puede purificar el aire, el agua, el hombre puede repoblar los desiertos, puede llevar la vida.

El hombre es más, y si logra sobrevivir se lanzará hacia el espacio. El hombre es un bicho portentoso si logra dominar su egoísmo y es capaz de profundizar en el camino del deber y de la solidaridad por amor a la vida. ¿Cómo no podemos pelear para nuestra vida? ¿Cómo no podemos pelear para que sea eternamente mejor la vida de los que han de venir luego de nosotros? Esa es una hermosa causa de amor a la vida.

No deberíamos olvidar nuestro drama, Guatemala, tajo doliente de nuestra América Latina, con sus viejas naciones indígenas pisoteadas, olvidadas, pero que están allí poseedoras de su cultura. Eso sí, no creo en la pureza de la raza. Aprendí de la genética animal que nada es más vigoroso que los híbridos. ¡Que viva la mezcla de razas y de colores y de verdadera democracia del canto de las venas y del amor arriba de la tierra! Lo contrario, la raza pura, es un desastre. Son un desastre en contra de la genética: la naturaleza está hecha para la regeneración y esta América es indígena, negra, es de origen ibérico y ha sido refugio de los desheredados de cualquier parte de la tierra que han conformado esta naciones, pero que llegamos tarde, muy tarde, a la civilización industrial que arranco allí en el Canal de la Mancha. Lleva una vanguardia.

No se crea que es la plata de las multinacionales o la plata del tesoro de Estados Unidos o de Japón, la ventaja. La ventaja es científica y tecnológica, la más difícil de encontrar. Tendremos que darnos cuenta que para ese mundo que se está organizando delante de nuestras narices, en unidades continentales, cuando el sueño de las relaciones multilaterales comerciales de la OMS se transformó en un ayer, cuando hay más de trescientos y pico de tratados de libre comercio más en el mundo y otros tantos que se están discutiendo y que por lo tanto no hay libre comercio en nada, lo que cuenta es el crecimiento de las unidades continentales.

Critiquemos a Europa lo que queramos, pero Europa hace rato que sabe lo que tiene que hacer y lucha contra sus contradicciones nacionales fuere como fuere. Y allí están: seiscientos y pico de millones de habitantes construyendo la unidad económica que hay más grande arriba de la Tierra, con contradicciones, sí. Miremos lo que es el Estado Multinacional de China, un gigante inconmensurable al que ya no podremos ninguno de nosotros, de nuestros países latinoamericanos, renunciar a relaciones económicas, políticas y sociales con semejante continente. Y atrás la India, poco a poco emergiendo. Países más poblados de la tierra.

En pocos años la pregunta es esta: ¿Qué vamos hacer los Latinoamericanos, atomizados? ¿Ustedes se imaginan un país como Uruguay, de tres y pico millones de habitantes, o como Guatemala que debe tener bastante más, discutiendo con China un Tratado de intercambio? Ya no es por los sueños de Bolívar o de los otros Libertadores que habían fundado los Estados siguiendo los derroteros de los viejos límites ni de los viejos reinados. Es ya por desesperación, por nosotros mismos en ese mundo con gigantescos continentes que se está organizando, porque ahí están los Estados Unidos, la primera potencia política, militar, económica y sobre todo científica de nuestra época, y que a las espaldas tiene una retaguardia, una tierra prometida: Canadá.

En este mundo, o articulamos deliberadamente un acercamiento entre nosotros o somos una hoja al viento. ¿Y qué supone ésto? ¿Supone la desaparición de los estados nacionales o de las culturas nacionales? ¡No, no, agrándate o vete! Es la construcción de un alero para que proteja, porque la única manera de agrandarse es juntarse, para gestar políticas comunes. Este es el desafío del tiempo que viene, de las nuevas generaciones. Sólo se respetan los seres fuertes por ahora en este mundo. Este mundo no es tan amoroso y tan civilizado. Hay que ser fuerte. Lo más grandes de América son poca cosa por la distancia que les han sacado, Brasil y México. ¿En las relaciones de fuerza de este mundo que viene, las fuerzas de la economía serán capaces de integrarnos? ¡No compañeros! ¡Los fenicios nunca integraron a nadie, no! Si esperamos la integración por el campo del negocio estamos desintegrados porque los negocios más grandes nuestros por ahora son de la región hacia fuera, porque somos vendedores de materia prima en gran medida y dependemos del mundo comprador.

Nuestra burguesía está hecha en esa intervención en nuestros puertos. Por lo tanto, la integración es una necesidad estratégica desde el punto de vista político. Y sólo habrá integración si hay voluntad política. No hay partidos progresistas si estos no son capaces de luchar a muerte por la integración y luchar a muerte significa en primer término educar a nuestros obreros, a nuestros trabajadores, que a la larga la suerte de su salario y de su trabajo también se juega con la integración. Y decirle a burgueses de media caña: ¡tú también te juegas tu porvenir con la integración! Porque el mercado, al cual no podemos acceder para vender valor agregado, es nuestro si tomamos voluntad política entre nosotros y construimos deliberadamente un sistema de intercambio compensatorio que nos ayude a agregar valor en nuestro intercambio y a calificar el camino de nuestro trabajo.

De lo contrario, nuestro trabajo seguirá siendo primario, abasteciendo al mundo industrializado de materias primas. La economía nos puede integrar si tiene dirección política, si no, no. Pero acá viene otro fantasma: el tono de izquierda y derecha que pueden tener los gobiernos. Hemos aprendido en la UNASUR, en los últimos años, que ni tan tan, ni tan tan, es decir, nada de radicalismos. Si no vamos a hacer pelota, porque eso tiene importancia si mantenemos la unidad, si somos capaces de construir unidad grandiosa y no la unidad que me guste a mí, sino la unidad que podemos llevar entre todos porque de lo contrario nos debilitamos, lo único que hacemos es en favor de los de afuera. Esto requiere de sutileza política, nadie tiene que poner un bozal a su corazón revolucionario: le tiene que poner un bozal al apuro y a la estupidez.

Tú te puedes sentar a la mesa de cualquier señor poderoso si tienes bien claro que esa mesa es de él. Y tú te sientas, dialogas, intercambias y alguna cosa puedes aprender, alguna cosa, pero nunca te olvides que esa mesa no es tuya. Mantén tu independencia porque tú miras hacia el otro lado: la mayoría es olvidada y desposeída. Y tienes que mirar para tu presupuesto para  n de mes. Y no necesariamente te formes un enemigo, mucho menos cuando no sabes hacer lo que hace él; no te apures, no te pongas de nacionalista a muerte para tener una fábrica que después no sabes manejar y produce menos que antes, no, hazlo despacito mientras esté generando riqueza. Adóbatelo si no te paga los impuestos, pero déjalo vivir si no lo puedes sustituir con ventaja, porque el asunto es tener para repartir. Entonces, compañeros, esta una época a la que hay que ponerle alma. Hay que dedicarle la vida, no es cuestión mucho de los jóvenes de ahora que terminan trabajando con la multinacional, es la causa de la juventud. Hay que luchar por entender que en el mundo hay que lucha de clases, pero que nuestro deber civilizatorio es atemperar las barbaridades, esa lucha de clases y tratar de superar la antinomia y el egoísmo que impone la clase social. Pero este es un desafío civilizatorio de largo plazo en la construcción de una humanidad mejor. No te metas a desafiar al que no puedes vencer. Sácate el síndrome de gorrión de basurero a puro grito y no jodas a nadie, no te creas que tienes todas las verdades reveladas y entonces atomiza la fuerza progresista porque cada quien se cree que la sabe toda y que la tiene perfecta y la tiene redonda, y lo único que hace es dividir a las fuerzas que deberían de unirse para pelear en conjunto por la superación de su pueblo.

Tengo una humilde autoridad moral de mi país porque hablo en el nombre de una izquierda que fundó su frente hace cuarenta años y tiene más de veinte organizaciones que están allí en una democracia cristiana: todo el que la mire de afuera supone que es una torre de babel, pero sí funcionamos, somos el partido político más fuerte de mi país porque logramos la unidad y la peleamos todos los días. Y todos los días tenemos líos pero nadie patea la unidad que nos hizo fuertes y nos permitió ser tres veces gobierno. Es precisamente la unidad y la unidad con la biodiversidad, no la unidad de la planadora en la que todos tenemos el mismo verso. Esto también vale para el movimiento sindical en nuestro país. Si nos hubiéramos unificado por la década de los sesenta, hubiera habido representación política. Pero después lo logramos y si lo logramos es posible y hay que aprender de la victoria.

Hay que aprender de la historia y aprender que las políticas de alianza son imprescindibles del punto de vista estratégico. Y tener políticas de alianza es respetar diferencias pero lograr términos comunes.

¡Viva América, viva Guatemala, viva la esperanza y una humanidad mejor!

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