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         El proceso de la integración centroamericana presenta importantes desafíos en una región de seculares rezagos sociales, económicos y ambientales. Por eso deberíamos estar empeñados en aspectos concretos del desarrollo, a través de la puesta en marcha de grandes proyectos regionales. En muchos casos perdemos el tiempo en discusiones bizantinas, estériles y formalismos que no abonan a la superación de los problemas existentes.

Las condiciones actuales de la región demandan priorizar. Si se desea realmente hacerlo, que es el mandato imperativo de nuestra población, se hace menester la adopción de una agenda sustantiva de desarrollo, con acciones concretas y con la participación de todos, sectores públicos y privados, para lo cual la integración debe entrar en una nueva dinámica de trabajo y relacionamiento entre los países.

Los grandes pilares de lo que en algún momento se llamó “la reactivación del proceso”, han quedado sin una agenda programática que les proporcione sustento. Algunos países se han enredado en entresijos políticos que actúan como un valladar a la acción constructiva, necesariamente colegiada por lo reducido de las economías y el desborde de nuestros problemas, lo que impide o ralentiza cualquier accionar. Hace falta dirección, avance y sostenibilidad en el proceso de integración. Es ineludible entonces un nuevo pacto social centroamericano, como el establecido en los acuerdos de Esquipulas I y II, de tres décadas atrás.

¿Y cuáles podrían ser temas específicos de una nueva agenda? Pueden sugerirse, en materia económica, un visionario programa de inversión con captación de recursos financieros internos y foráneos (atracción regional e internacional de inversión productiva), complementado con apoyo concesional y préstamos a largo plazo del BID, Banco Mundial, la CAF y el BCIE, entre otras posibles fuentes. No hay que temerle al endeudamiento cuando éste es bien orientado, de alto retorno financiero y de efecto multiplicador en la economía. Una fórmula podría ser realizar esta acción a través del BCIE.

Habría que enfocarse en aquellos proyectos de alta generación de empleo y de conectividad intrarregional, tales como la construcción a 4 vías y/o mantenimiento de carreteras (CA1 y corredores viales del pacífico y del atlántico) y un moderno ferrocarril de trazo ístmico; infraestructura física (portuaria, gaseoductos, oleoductos); fomento de pequeñas y medianas empresas; programas conjuntos de mercadeo a nivel internacional aprovechando los encadenamientos productivos en el área (cadenas de valor), aprovechando las normas de origen regional dentro de los acuerdos comerciales con terceros (especialmente el CAFTA y el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea); interconexión eléctrica y nuevas fuentes de energía renovables. En lo social hay que pensar en el apoyo a las estrategias nacionales para la superación de la pobreza y pobreza extrema; en planes conjuntos de acción en apoyo a los migrantes (fuera y dentro de Centroamérica), y el postergado tema de la cohesión social a nivel regional (incluyendo proyectos de desarrollo fronterizo con la acción solidaria de asociaciones de municipalidades transfronterizas). La adaptación al cambio climático y sus efectos sobre la seguridad alimentaria y nutricional (con énfasis en la reforestación de las grandes cuencas hidrográficas) es un gran reto ambiental de la región.

Edgar Chamorro Marín

Miembro del Consejo Consultivo

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