A cuarenta años del retorno a la democracia y treinta de la firma de los Acuerdos de Paz, la Fundación Esquipula, la Global Peace Foundation y la Universidad Rafael Landívar inauguraron una muestra conmemorativa y reunieron a autoridades, cuerpo diplomático, cooperación internacional, academia, sociedad civil y juventudes en un conversatorio para reflexionar sobre el estado actual de la democracia en Guatemala.

Cuarenta años después del inicio del período democrático más largo en la historia reciente del país, Guatemala vuelve a debatir sobre el valor de sus instituciones, el papel de la ciudadanía y los riesgos que hoy enfrenta su sistema político. El encuentro puso el foco en los desafíos actuales de la democracia guatemalteca, en un contexto marcado por tensiones institucionales y una ciudadanía llamada a asumir un papel más activo.
Una muestra para leer el país desde la democracia




El conversatorio tuvo como punto de partida la exposición 40 años de democracia: el camino que elegimos, el futuro que construimos, una muestra integrada por una serie de piezas temáticas que ofrece una lectura integral del período democrático más prolongado de la historia republicana de Guatemala. El recorrido aborda desde la Constitución de 1985 como pacto humanista y plural, los Acuerdos de Esquipulas y el fin del conflicto armado, hasta el liderazgo de mujeres y juventudes, los avances en educación, salud pública, derechos humanos, descentralización, conservación ambiental y libertad de expresión. La exposición conecta la memoria histórica con los desafíos actuales y reconoce lo alcanzado sin dejar de señalar lo pendiente en materia de participación, igualdad, justicia y desarrollo. Concebida como una iniciativa itinerante, la muestra continuará su recorrido durante 2026 en espacios educativos, culturales y comunitarios del país, como un recurso vivo de educación cívica y memoria democrática.
Desde la academia se subrayó la necesidad de fortalecer el pensamiento crítico, la memoria histórica y la participación ciudadana como pilares de una democracia viva. En ese sentido, el padre Miquel Cortés señaló que “para consolidar la verdadera democracia se requiere un diálogo constante entre los distintos actores de la sociedad que propicien la deliberación y la rendición de cuentas, y así lograr una gobernanza más justa y representativa”. La universidad —se remarcó— tiene un rol clave como conciencia crítica de la sociedad, no solo formando profesionales, sino ciudadanía capaz de deliberar, exigir rendición de cuentas y defender el bien común.
En ese marco, la intervención de Vinicio Cerezo, primer presidente electo tras la Constitución de 1985, aportó una lectura histórica que sigue siendo vigente. Recordó que la democracia guatemalteca nació en medio de la guerra, la polarización y el miedo, y que no fue un accidente, sino el resultado del sacrificio de miles de personas que apostaron por resolver las diferencias con instituciones y no con armas. Esa memoria —subrayó— es indispensable para evitar el retorno de los autoritarismos.
Cerezo vinculó esa experiencia nacional con una lección regional: no es posible construir democracia en un solo país cuando toda una región vive en conflicto. De esa convicción surgieron los Acuerdos de Esquipulas, un proceso que demostró que Centroamérica podía dialogar incluso en sus peores momentos y pensar un destino común. Hoy, cuando el mundo vuelve a llenarse de guerras, desigualdades y discursos de odio, ese mensaje conserva una vigencia inquietante.
El conversatorio central, moderado por Lourdes Balconi, profundizó en los retos del presente con la participación de Alejandro Morales Bustamante, Liza Noriega, Catalina Soberanis y Marco Cerezo Blandón, quienes coincidieron en que la democracia enfrenta enemigos persistentes y cada vez más sofisticados: la infiltración del crimen organizado en las estructuras del Estado, la erosión de la cultura de legalidad, el impacto del cambio climático, el avance acelerado de la inteligencia artificial y el resurgimiento de tendencias autoritarias. A ello se suma una profunda desigualdad social que limita el ejercicio real de los derechos y profundiza las brechas de participación ciudadana.

Pese a este panorama, también se reconocieron avances relevantes: una ciudadanía más activa, organizaciones sociales que han resistido incluso en contextos adversos y luchas históricas de pueblos indígenas, mujeres y juventudes que han ampliado el horizonte democrático. La democracia —se insistió— sigue siendo un espacio de disputa, no una promesa agotada.
En el cierre del encuentro, Olinda Salguero, presidenta de la Fundación Esquipulas y Representante de la GPF en Centroamérica, colocó una idea clave en el centro del debate: la paz y la democracia han sido la infraestructura que ha permitido construir país. No como conceptos abstractos, sino como condiciones concretas que han hecho posibles avances en cultura, desarrollo local, conservación ambiental, participación ciudadana e integración regional.
Salguero subrayó además la importancia de promover diálogos intergeneracionales que conecten la experiencia histórica con la mirada crítica de las nuevas generaciones. Las juventudes —señaló— no heredaron una democracia perfecta, pero sí una democracia posible: una que permite expresarse, organizarse, cuestionar y soñar, y que solo podrá sostenerse si se asume como una práctica cotidiana y colectiva.
Cuarenta años después, la pregunta ya no es si la democracia tiene futuro, sino quiénes están dispuestos a cuidarla, perfeccionarla y defenderla. Guatemala —como Centroamérica— sigue teniendo una tarea pendiente: construir una región de oportunidades donde la democracia, la paz y la integración no sean consignas del pasado, sino decisiones del presente.




El evento fue transmitido en vivo a través de la página oficial de Facebook de la Universidad Rafael Landívar, permitiendo ampliar el alcance de la reflexión y facilitar la participación de públicos diversos. La grabación del encuentro permanece disponible en dicha plataforma y puede verse haciendo click aquí.



