De alianzas y otras argollas de compromiso

Cuando las instituciones se vinculan en sagrados acuerdos

Por Yazmin Gonzalez

El matrimonio es el más conocido, el más prolífero y quizá también, el más temido de los acuerdos y relaciones sociales que existen; sin embargo, solo es un reflejo de las muchas formas en que las personas e instituciones pueden vincularse para dar paso a acciones de beneficio mutuo y en favor de terceros.
Es importante decir que, mientras el matrimonio parece ir en declive en el país, las alianzas institucionales con diversos fines van en aumento, indicando que tanto los sectores públicos y privados de diferente índole, ven favorable trabajar en conjunto para hacer virar a Guatemala
hacia un horizonte distinto al que hemos visto durante los últimos años: anquilosado y pérfido.
Pero estas alianzas, tanto como el matrimonio, deben estar centradas en principios y no en intereses individuales, de lo contrario, tropezaremos con disoluciones, desencantos y corazones rotos.

Hasta hace algunos años, las alianzas más comunes eran entre las mismas instituciones sin ánimo de lucro, o entre éstas y el gobierno, o entre empresas, pero al paso del tiempo se ha diversificado la posibilidad de entrar en sincronía unas con otras siempre que haya un objetivo
común, incrementando así el potencial de cooperación y el valor social, y logrando mayores beneficios. Los proyectos híbridos que pueden surgir de estas alianzas público-privadas representan faros de luz para dar respuesta a los problemas sociales más complejos, pero exigen
también un liderazgo ajustado al tamaño del reto y una gestión por demás eficaz, garantizando transparencia e integridad.
Toda esta diversidad de alianzas, así como el mismo matrimonio, tienen en común varios aspectos que es importante recordar y no perder de vista:

  1. Son acuerdos de tres partes. El matrimonio, más allá de las consideraciones legales, supone una fuente primaria de nuevos ciudadanos, así como educación, valores y crecimiento económico en favor de la sociedad que acoge a las nuevas familias; de la misma forma, las alianzas institucionales se deben a la sociedad, al desarrollo humano y a la solución de problemas que afectan colectivamente al país, pero si ambas alianzas se olvidan de este principio también la sociedad se ve perjudicada. En todo caso, la sociedad nunca debe ser el tercero excluido sino el fin último. Diríamos que se trata entonces del principio del bien común.
  2. Tienen etapas y transformaciones. Las tiene el matrimonio y también las alianzas estratégicas. Según Juan Algar1, las alianzas institucionales pueden atravesar tres fases, en las cuales la relación se fortalece y el beneficio equitativo se ajusta. La primera se trata de una relación meramente filantrópica, donde el trato se establece entre un solicitante y un benefactor, entendiendo que una organización no lucrativa busca la donación de una empresa u otra institución tratándose de una relación poco profunda. La segunda, una fase transaccional, en que existe un intercambio de valor significativo entre ambas partes, proporcionando cada una, un claro beneficio a la otra. Y la tercera, la fase de integración, en que la colaboración avanza hacia una alianza estratégica sostenible, combinando sus competencias y desarrollando actividades conjuntas, compartiendo recursos y una confianza profunda. Un principio de sinergia.
  3. Una cuestión de valores. Uno de los principales asuntos que se deben considerar para llegar a una alianza institucional es la coincidencia de valores, principios y objetivos con la otra organización o empresa, ya que implica hablar el mismo lenguaje y entrar en una dinámica caracterizada por encontrarse en un camino que lleva a la misma dirección, que de lo contrario podría perjudicar la reputación y trayectoria de alguna de las dos partes. Se trata del principio de integridad.

En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Agenda 2030, que establece los Objetivos de Desarrollo Sostenible que abarcan aspectos económicos, sociales y ambientales para la humanidad, y que, además, son un punto de encuentro para reunir a distintas iniciativas
que trabajan en favor de los derechos humanos. Uno de los diecisiete objetivos de esta Agenda, establece la búsqueda, generación y consolidación de alianzas interinstitucionales locales e internacionales a todo nivel, que garanticen la consecución de los dieciséis objetivos restantes. Desde entonces, estos objetivos son una pauta de referencia para que las distintas instituciones públicas y privadas encuentren metas en común hacia las cuales concurrir, y si todas estas alianzas se fundan bajo los principios del bien común, la sinergia y la integridad, seguramente llegaremos al 2030 siendo una humanidad diferente.

1 Algar, J. (22 de junio de 2011). Alianzas estratégicas: generar valor social como fuente de valor empresarial. Obtenido de Compromiso empresarial: https://www.compromisoempresarial.com/


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